jueves 29 de mayo de 2008

Nace una estrella

La vieja película estrenada en 1976 mostraba a Barbra Streisand ingresando al mundo de la música y enamorándose de un Kris Kristofferson, artista consagrado cuya carrera decae mientras la de ella sube. Este tema no era nuevo ni siquiera en esa época. El film es una “remake” de una obra teatral de 1937. ¡Es decir que el lío es de siempre!
Como en la película, para “subir” en este medio necesitamos de un aliado: el productor. Hay que entender, ante todo, que un productor no es un filántropo, una ONG, o un ente sin fines de lucro de ayuda al músico desorientado. Es un socio. Y debemos preguntarnos si necesitamos un socio o no. Este socio querrá que nos convirtamos en un negocio lucrativo, lo que conviene a él y a nosotros.
Hoy muchos músicos entienden muy bien este negocio. Incluso demasiado, creo…ya que han descuidado la música para dedicarse a juntar billetes. Pero esa es otra discusión.

Los productores de antaño se aprovecharon del anterior desconocimiento de los músicos sobre el “show business” para enriquecerse. Charly Garcia decía: “Los productores tapizan sus carros con piel de músico”.
Todo eso ha cambiado. En Ecuador es indudable que los productores son una reciente adquisición y están desarrollando nuestra pequeña industria. Los resultados de esta unión productor-artista muestra sus buenos resultados todo el tiempo.
Algunos ejemplos de buenos productores con artistas exitosos son Alfredo “Che” Vera con (antes) Juan Fernando Velazco y hoy Fausto Miño y Sergio Sacoto, Jorge Luis Bohórquez junto a Daniel Betancourt y Jorge Luis del Hierro; Daniel Ugalde con Mirella Cesa, Omar Montalvo con Andrea Espinoza, y Ricardo Ordoñez quien maneja hoy a Juan Fernando Velazco.
El medio ecuatoriano necesita de mas emprendedores como ellos, que han sabido convertir en un excelente medio de vida el invertir en el desarrollo de artistas.


Les recomiendo pasarse por la página de una pareja de productores ecuatorianos vinculados al jazz. Francisco Echeverría y Michelle Romero vienen desarrollando el Guayaquil Jazz Project de una manera muy profesional, con la altura y dedicación que el jazz local merece. Sabemos que el ambiente jazzero ecuatoriano es grande y muy capaz, por lo que este sitio le hace total justicia. Imperdible. http://www.guayaquiljazzproject.org/

viernes 23 de mayo de 2008

Derechos torcidos

Un comentario en este mismo blog expresó: “la verdad me parece una verdadera perdida de tiempo esto de preguntarse "se puede vivir de la música o no",.... yo creo que los verdaderos músicos hacen música y punto”
Podemos estar de acuerdo o no con este concepto, lo que es indudable es que tener que vivir de otra cosa pone a los músicos en desventaja artística ante los que pueden dedicarse exclusivamente a crear y desarrollar su arte.
Si no hacemos rentable nuestra actividad corremos el riesgo de que las ideas mueran o nuestro talento de diluya.
Una parte esencial de nuestro negocio son los derechos autorales. Para explicarlos muy sintéticamente, tenemos dos tipos de derechos como autores y compositores: Los morales y los comerciales.
Los morales hablan de la defensa de nuestra obra contra plagios, copias ilegales, modificaciones. Es decir, el reconocernos como dueños totales de lo que producimos y proteger esa verdad.
Los comerciales son los que regulan los negocios que se establecen alrededor de nuestras obras.
Digamos: Si alguien va a ganar un billete gracias a (totalmente o en parte) nuestra producción artística, a nosotros nos corresponde una tajada.
Por ejemplo una radio. Imaginen una radio sin música. NINGUNA música. ¿Quién la escucharía? Nadie.
Entonces, si nadie la escucha, los anunciantes no ponen dinero en pautas publicitarias y la radio cierra. Dicho de otro modo, para la radio sin música no hay negocio. Por eso nos corresponde una tajada.
Lo mismo, aunque sea en forma parcial, sucedería en un hotel, un centro comercial, una televisora, etc. La música se usa para crear un clima más agradable para atraer clientes potenciales.
La ley de propiedad intelectual ecuatoriana es de las mejores de América y protege nuestros derechos perfectamente. El problema no esta en ley, como siempre. Esta en los organismos de control.
Las entidades de gestión de derechos autorales (SAYCE en Ecuador) son las que deben recaudar y repartir entre los autores nacionales y otras entidades semejantes en el exterior el dinero pagado por los usuarios de música.
Las sospechas sobre corrupción, mal uso del dinero y negligencia que recaen sobre SAYCE hacen que los pocos autores asociados estén desconformes, prácticamente ningún autor joven quiera asociarse, las entidades extranjeras desatendidas y el IEPI (Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual) con una seria auditoría sobre la entidad recaudadora.
Si la recaudación fuese como debería (los medios no pagan lo que deben, hay ciertos medios que ni siquiera saben qué deben pagar, me consta) y el reparto fuese el que marca la ley (pagar los millones de dólares que se adeudan interna y externamente y no conformar a los menos pudientes con 20 dólares y un pollo a fin de año, como me cuentan que sucede) la mínima industria musical local se vería inyectada de fondos para mejorar.
Un grupo de autores está cumpliendo con las disposiciones legales para abrir una nueva entidad, cuyo nombre será Segam, que pretende transparentar el manejo de estos recursos para que lleguen a sus destinos reales. Espero sinceramente que se logre ya que cerraría el círculo de nuestro negocio, que hoy está roto.

Nota: Les recomiendo visitar http://www.aba-pi.com estudio jurídico de Flavio Arosemena, abogado , músico y buen amigo dedicado exclusivamente a la defensa de la propiedad intelectual.

martes 20 de mayo de 2008

Tu música o yo

Casi todos los músicos hemos pasado por algún problema con nuestras parejas causado por este amor que tenemos por tocar o cantar.
Puede ser por celos a nuestros fans actuales o futuros, existentes o virtuales. Algunas veces por el tiempo que dedicamos a nuestra actividad, otras por los viajes, por la falta de vida privada cuando somos famosos o simplemente por no claudicar en un sueño poco probable cuando no lo somos. (¡Pero lo seremos, seguramente! Bueno, casi seguramente….)
Conozco el caso de un médico/músico que le decía a su esposa que tenía una cirugía solo para ir a tocar su guitarra a lo de un amigo.
Ni hablar de una chica guitarrista tratando de convencer a su esposo que saldría de gira con su banda (de HOMBRES, ¡un horror!) pero que nada tenía con alguno de ellos, que se quedara tranquilo…en diez días estaría de regreso.
En buena medida escuchamos estas historias a la largo de nuestra vida de artistas y nos vamos preparando para cuando nos toque.
Si hay algo difícil de aceptar en una pareja es el hecho de no ser “prioridad” en ciertos momentos. Y las actividades artísticas se encargan de ponernos en ese brete cada tanto. Si estas componiendo, o ensayando, o en medio de un show, tu pareja no es tu prioridad. Quizás lo sea una vez que termines, pero no en ese lapso. ¿Esto te parece duro, o malo? Si es así, se equivocan los dos.

Nuestra actividad tiene la particularidad de basarse en el amor que le tenemos. Digamos: uno puede tener muchísimas profesiones “a la fuerza”. Por factores económicos, presiones sociales o tradiciones familiares, podemos caer en el error de dedicarnos a algo que no disfrutemos. Pero.. ¿Conoces algún artista a la fuerza?... "¡Uy, que mala suerte tengo! ¡Me he tenido que dedicar a producir discos!"
Este amor convierte a tu pareja en un “ménage à trois” constante. Si no están de acuerdo los tres, no funciona.

Las parejas de músicos tienen que aguantar muchas cosas difíciles. Gente deseosa de “apoderarse” del artista (ya hablaremos de los fans en otra ocasión), ausencias de todo tipo, falta de reconocimiento, invasión, falta de seguridad económica (en la mayoría de los casos) y demás plagas bíblicas.
También disfrutan de lo bueno (cuando exista): Viajes, dinero, posición social, puertas que se abren. Pero la balanza oscila todo el tiempo.


Mi primera esposa, Alicia, me conoció cuando ensayaba en un garage con una banda que nunca grabó, tocó en dos o tres bares (poniendo plata, como sucede en Argentina) y jamás viajó sino hasta el barrio de al lado. Unos años mas tarde Soda nos “separaba” por tres meses en nuestra primera gira latinoamericana, nuestro teléfono sonaba todo el día con gente desconocida y las fans tocaban el timbre en casa y la insultaban solo por ser mi mujer. Cuando decidí salirme, todo “volvió a la normalidad” y el matrimonio duró menos de un año mas.
Hoy, a mi esposa Gabi, le es más fácil. Ya no viajo, no más fans desesperadas, menos inseguridades. Menos farándula. Menos shows…menos premios…Buaaaaaaaaaaa!!!
Evito el "síndrome de abstinencia" produciendo, enseñando y tocando en vivo cada tanto. Y nos hemos puesto de acuerdo en esta "poligamia": El arte de Gabi, el mio, ella y yo.

Hemos escuchado o vivido (aunque no es mi caso) la situación de: Tu música o yo. Y SIEMPRE ganará la música, aunque no lo parezca, ya que en algún momento la frustración aparecerá y cobrará su factura.

Es así amigos: Esta vida de músico va a terminar matándonos.

jueves 15 de mayo de 2008

Quiero tener éxito

Me preguntaba en la entrada anterior ¿Qué es el éxito?
Hay miles de respuestas; probablemente una para cada uno de nosotros. Si nos basamos en la etimología, la palabra latina exitus es “salida” (Exit, en ingles, refleja esto). ¿Será que el éxito es salir de algo? Podría ser, ¿no? Salir de la etapa de la incertidumbre sobre lo que hicimos para saber como nos fue; y evaluarnos según la respuesta del entorno.
¿O será salir hacia algo? ¿Salir del anonimato talvez?
Para muchos músicos el éxito es ganar dinero, conseguir pareja, firmar autógrafos, grabar un disco, cosechar aplausos, viajar por los escenarios del mundo, que la gente cante sus canciones, recibir premios.
En general, los músicos somos tremendamente dependientes del entorno, del reconocimiento de los demás, en especial de nuestros pares.
Cuando comencé a trabajar en música publicitaria dos cosas me hicieron sufrir: la falta de reconocimiento (nadie te aplaude por un jingle) y lo descartable de mis trabajos (veinte horas de trabajo para que un creativo diga: no me gusta. Y adiós), sin embargo nunca gané tanto dinero como en esa época. ¿Debía sentirme exitoso?
Nuestra percepción del éxito se basa en el sueño anterior, en la idea de lo que queremos conseguir. Algunos sueñan con metas enormes, generales, y muchas veces inalcanzables: Quiero ganar un Grammy. Quiero ser reconocido en toda América.
Si no consiguen esa meta no se sienten exitosos.
Otros (ahí me incluyo) soñamos con metas cortas que nos brindan éxitos más inmediatos y fáciles. Esto nos produce placer más rápido, pero corremos el riesgo de no llegar sino hasta ahí. Nunca alcanzar una meta grande.
Deepak Chopra dice en “Las siete leyes espirituales del éxito” un par de cosas para pensar y discutir. Una de ellas es el desapego: No renunciar al deseo de cumplir los sueños, pero sí al interés por el resultado. ¡Uy…difícil para un músico! Imaginen llenar el Estadio Modelo pero, cuando terminamos nuestra mejor canción, nadie aplaude. ¿Podrías no “interesarte por el resultado”?
Sin embargo, continuando un poco el planteo, vemos que si no nos apegamos a la solución de un problema, éste podría brindarnos infinitas posibilidades nuevas. Es decir, el problema puede quedar sin solución, pero la oportunidad llevarnos hacia algo mejor.

Hace poco tiempo, fui jurado en un certamen de bandas de bar. Uno de los grupos (que no ganó el concurso) me escribió muy triste por no haber conseguido el premio. Mi respuesta fue: ¿Perdieron? ¡Los felicito! Ahora tienen la oportunidad de ser mucho más que una banda de bar…

¿Te aguantas un éxito parcial? Es muy difícil que se convierta en realidad todo tu sueño, quizás solo se cumpla una parte…¿Podrías soportarlo? ¿Te sentirías exitoso/exitosa?
Si llegas a grabar un disco, con unos músicos increíbles, en un estudio de película…pero la crítica lo destroza….¿Es un éxito o no? Cumpliste tu sueño, pero no conseguiste reconocimiento…¿Cómo lo tomas?

¿Es fácil ser exitoso en Ecuador? Como siempre depende de lo que busques. Hay infinitas posibilidades de conseguir el éxito en nuestro medio; que sea fácil es otro cantar (valga la redundancia).
Habrás visto que este texto está lleno de preguntas. Es que de eso se trata el éxito, entre otras cosas. Salir de nuestras dudas y miedos.

¿La seguimos?

lunes 12 de mayo de 2008

¿Porqué?


Se me ocurrió iniciar este blog por la constante charla entre músicos que vengo sosteniendo desde que tenía 14 años, hace como 30. Miles de veces discutimos sobre como enrumbar nuestras carreras, como llegar al público, como llenar un teatro, un club, un estadio.
Creímos en infinidad de ocasiones haber hallado la solución y casi en la misma proporción nos frustramos. Vimos como algunos amigos nuestros subian al éxito fácilmente (al menos eso creímos) y los vimos caer más tarde. Aunque otros siguen ahi todavía.
Mientras, las charlas continuaron; los interlocutores cambiaron, envejecieron, se hartaron.
A mi el éxito me tocó fugazmente, como habiendo metido los dedos en el enchufe. Me atrapó un instante y me separé de él bruscamente. Pasó tan rápido que hoy no puedo medir con conciencia el tiempo que estuve inmerso en él. Sin embargo los efectos de ese roce siguen: me abren puertas y me inflan esporádicamente el ego.
En marzo de 1987, entré a la banda más emblematica del rock de los 80: Soda Stereo.
Algunos de los amigos con los que iniciamos aquellas charlas nunca se toparon con el éxito, ni siquiera un ratito, como yo.
Y lo siguen buscando.
Eso los convierte en artistas: les es inevitable.
Hoy veo otros personajes en la misma obra. Pibes de 14 buscando lo mismo que nosotros hace 30. Algunos lo encontrarán, otros tropezarán con él, la mayoría lo verá de lejos y seguirá soñando o simplemente lo olvidará despierto para seguirlo soñando.

Ahora, paremos este monólogo de músico un ratito.... ¿Que es el éxito?¿Porqué?

Asi empieza esto. Yo puedo contar mi parte, sus comentarios harán lo mismo para las suyas. Y la charla de músicos no terminará jamás, como debe ser.